viernes, 13 de noviembre de 2009

To die to sleep



No niego que no sea triste. La posición más correcta sería afirmarlo. Pero tengo el pensamiento embotado, un poco congelado, ciertamente escindido y algo voladizo.
Las manos putrefactas y malolientes que hunden sus dedos en mi corazón no se cansan de apretar con ese ritmo constante que constituye un latido. Pum pum pum pum pum pum...
Erupcionan mis llagas mientras la lava corroe las partes de mi inútil cuerpo que yo creía sanas.
Afirmo que es triste.
Es triste no saber qué haces, qué hacer, qué sentir...
Y si sabes que sentir, alguien te dirá que no lo sientas, no así, no de esa forma...
Automáticamente ando por las baldosas grises estableciendo combinaciones cíclicas, una pierna adelante una atrás mientras mi alma se arrastra como una babosa insomne tras ellas.
Pum pum pum pum. ¿Quién no querría arrancar esa mano pútrida de su órgano vital si a cada latido mueres cuando se supone que deberías vivir?
La sustancia negra o casi negra que inunda mis hemisferios cerebrales camina parmoniosamente por mi sistema nervioso, queriendo decirme quizás que todo está perdido, y que luchar por una causa sin solución hará que mis piernas se deterioren y que mis dedos caigan sobre el teclado como los brazos de las estrellas de mar. Pero los mios no se regeneran.
To die to sleep. Se preguntaba Shakespeare. No se qué será peor. To sleep es una forma de abandonarme a mis pesadillas más profundas. To die es una forma de rendirme demasiado evidente.

To die to sleep. Pum pum pum
Puta mano y puta vida.

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